El pasado lunes 21 del presente mes me encontraba presenciando el programa “Hilando Fino” que acertadamente produce y conduce el periodista Salvador Holguín, cuando luego de varios comentarios del mismo sobre el pasado proceso electoral dominicano, le fue suspendido el audio y luego la posterior salida del aire del referido programa.
Al siguiente día me quedé con la intención de ver el referido programa televisivo, cuando me enteré que debido a las presiones ejercidas desde el Palacio Nacional se ejercieron presiones sobre los propietarios del canal donde se originaba dicho programa, para que retirara el mismo de la programación del referido canal de televisión.
En verdad, esta información no me sorprendió pues en anteriores ocasiones habíamos sido testigo de acciones de esta índole, cuando otros comunicadores habían disentidos en cuanto a las acciones del gobierno de turno, convirtiéndose esta práctica en una constante, no solo de este gobierno, sino de gobiernos anteriores.
Recordamos casos tan patéticos de lo que significa la intolerancia, la prepotencia y la arrogancia de los gobernantes de turno, han cercenado la libertad de prensa acallando voces y queriendo matar ideas, en muchos casos llegando a cortar el sagrado hilo de la vida; como ejemplos Orlando Martínez, Gregorio García Castro, Guido Gil, Narciso González, y otros no menos aguerridos periodistas que han pagado su osadía de informar con sus vidas.
En el presente caso, Salvador Holguín es un periodista que ha sabido exponer con claridad sus ideas sobre lo que piensa y por lo que lucha, por lo que se ha ganado un espacio dentro de los que no soslayan la verdad para recibir el dinero corruptor que lanza al estiércol a quienes venden sus principios cívicos y ciudadanos por un plato de lentejas.
Podemos estar de acuerdo o no con sus ideas, pero, eso de querer doblegar sus principios en base a sacar su programa del aire, es un acción que solo se cobija en el accionar de los sin escrúpulos sociales y que se han visto arrastrados por la vorágine de la intolerancia, la prepotencia y la arrogancia, que le ha llevado a renunciar a los más nobles principios de justicia, equidad, tolerancia y respeto, para convertirse en propagadores de la desidia, la división y la corrupción como su modo de vida cotidiano.
Ahora le ha tocado el turno a este aguerrido periodista, pero, mañana serán otros los que sufrirán el mismo vejamen de silenciar sus voces para que no difundan la verdad a la que un pueblo tiene derecho para mantenerse bien informado; acallando voces que no se venden al mejor postor, le dan paso a los sicarios de la palabra para que inyecten el veneno corruptor del dinero fácil, donde abundan las canonjías disfrazadas de méritos al trabajo servir de los nuevos esclavos vestidos de trajes y corbatas al servicio del dios Estado.
Nos solidarizamos con la postura valiente y perseverante de este hijo de la ciudad de Dajabón, convertido en baluarte junto a otros nobles comunicadores de la palabra y que tienen como estandartes decir la verdad; y recordemos que la acción que más le duele a los que viven en el mundo del engaño, la mentira, la corrupción y la doble moral social y política, que cuando alguien les dice la verdad de frente.
Por: Arismendy Martínez